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sábado, 10 de octubre de 2015

Venezuela pasa a ser la séptima economía de la región, tras Perú

La dependencia del petróleo y la falta de alternativas productivas hunden a Caracas. Su PIB es hoy la mitad que el colombiano


La directora del FMI, Christine Lagarde / MARIANA BAZO (REUTERS)
América Latina sale mal parada de la caída del precio de las materias primas, pero su impacto es desigual. Si Centroamérica se beneficia del abaratamiento del petróleo, Brasil suma problemas internos —de demanda, pero sobre todos políticos— para entrar en una preocupante recesión. Pero nada que ver con el descalabro de la economía venezolana: según el FMI, su profunda crisis la encoge hasta situarla como la séptima economía de la región en 2015, superada por Perú y con la mitad de PIB que Colombia.
Pese a entrar en recesión, —con una caída estimada del 3% anual—, y a los efectos de la abrupta depreciación del real en el último año, Brasil sigue siendo, de largo, la mayor economía latinoamericana. En el último informe de previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI), que celebra esta semana su asamblea anual en Lima, se estima que su PIB llegará a los 1,8 billones de dólares este año, lejos de los 2,6 billones que alcanzó en 2011, cuando la combinación era la opuesta: años de crecimiento real y nominal (inflado por la subida de precios) y una divisa apreciada respecto al dólar.
El pódium de las mayores economías de América Latina, medidas por el PIB en dólares, tampoco varía, con México (1,16 billones) anclado en la segunda posición y Argentina (580.000 millones de dólares) en la tercera, como ha ocurrido en los últimos 25 años, salvo en los violentos episodios de colapsos financieros, como los que sufrió Argentina al principio de la década anterior, con fuertes devaluaciones de la moneda, que encogen el tamaño de su economía en la comparación internacional en dólares.
Los mayores cambios en los equilibrios económicos de la región tienen que ver con la pujanza de laAlianza del Pacífico (integrada por Chile, Colombia, Perú, además de por México) y el desplome de Venezuela. “Aunque ahora es difícil de ver por el precio de las materias primas, Chile, México, Colombia o Perú se benefician de las reformas de los últimos años y de políticas macroeconómicas estables”, subrayó la directora gerente del FMI, Christine Lagarde.
Los representantes del Fondo no han dejado de subrayar estos días, cada vez que han tenido ocasión, que ven con buenos ojos la política económica desarrollada en estos países, algunos con su asistencia técnica (Colombia y México). La estadística corrobora su ascenso: pese al revés de la caída del petróleo, muy acusada este año, la economía colombiana se mantiene como la cuarta economía de la región, y Chile se consolida en el quinto puesto.
La novedad está en que Perú (con un PIB de 179.900 millones de dólares) supera por primera vez, y de manera holgada, a la economía venezolana, cuyo valor en dólares se queda este año en 131.860 millones, casi un tercio del que tenía en 2012, y apenas la mitad del que registra la vecina Colombia. Las sucesivas devaluaciones (encubiertas y oficiales) del bolívar compensan de forma amplia el vertiginoso repunte de la inflación, que casi triplica los precios este año. En 15 años, Venezuela ha pasado de ser la cuarta economía de la región a ser la séptima, algo que tiene mucho que ver con su dependencia del precio del petróleo y la falta de alternativas productivas.
Colombia se mantiene como la cuarta economía de la región, y Chile se consolida en el quinto puesto
Los organismos internacionales incorporan también la medición en paridad de poder de compra, una estimación con la que se tratan de igualar los diferentes niveles de precios en cada país para poder comparar mejor la actividad económica, incluido el valor de bienes y servicios que no participan en el comercio internacional. Con ese sistema, Venezuela es aún la quinta economía regional, después de Colombia. Pero los expertos del Fondo pronostican que si la crisis no se resuelve pronto, Chile y Perú la superarán también con este tipo de cálculo en apenas tres años.
La revisión a la baja en el pronóstico económico para toda América Latina hace que España se mantenga como la primera economía hispana, frente a lo que anticipaba el propio Fondo en abril, cuando situaba en esa posición a México —cuyo valor en dólares encaja la depreciación del peso— a finales de año. De hecho, la recuperación de la economía española se combina con los problemas de otros exportadores de materias primas para auparla al decimosegundo puesto en la clasificación mundial, por delante de Rusia y Australia en 2017.
Estados Unidos, China y Japón siguen siendo las mayores economías del mundo. Una manera de aproximar, en promedio, la riqueza de los ciudadanos de un país es el PIB por habitante. Una medición que sitúa en cabeza de América Latina a países pequeños (Bahamas y Trinidad y Tobago). Entre los grandes países, Chile, Argentina y Uruguay son los mejores colocados. Haití progresa aunque sigue siendo el más pobre, y de nuevo es Venezuela el que registra el mayor desplome.
Fuente: El País

viernes, 23 de enero de 2015

“América Latina ha desaprovechado diez años de crecimiento económico”

Elizabeth Tinoco, directora regional de la Organización Internacional del Trabajo, alerta de que la informalidad alcanza al 47% de los trabajadores

Elizabeth Tinoco, en Madrid. / JULIAN ROJAS (EL PAÍS)
El Fondo Monetario Internacional ha empeorado sus previsiones sobre América Latina, que crecerá este año la mitad que los países avanzados; el petróleo ya no es el maná de la economía; y Brasil no es el líder de la región sino que debe apretarse el cinturón. Los augurios no son los mejores para Latinoamérica, y el empleo no escapa a esa espiral. La venezolana Elizabeth Tinoco, directora de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en América Latina y el Caribe, describe así, en una visita a Madrid, una realidad cruda: “América Latina no supo aprovechar la década de crecimiento económico sostenido para transformar su economía. Exprimió al máximo lo que le funcionaba, el petróleo, pero no abrió más vías para diversificar su producción y crear empleo. Para los países que dependieron tanto del crudo, el panorama es dramático”.

Los datos negativos se acumulan sobre la mesa. El informe Panorama Laboral 2014, elaborado por la OIT para la región, arroja malas noticias: 15 millones de desempleados en las zonas urbanas, un millón de empleos menos generados en el último año y la previsión de otros 500.000 parados más en 2015. Todo enmarcado en una desaceleración económica que pone en peligro los logros conquistados desde principios de siglo en políticas sociales, y hace crecer el desempleo y el trabajo informal.

En este océano de inseguridad, la informalidad fortalece sus raíces. Unos 130 millones de personas en la región desarrollan un empleo informal, es decir, fuera de la legislación laboral, sin cotizaciones ni pago de impuestos, sin prestaciones ni cobertura de seguridad social. Una economía sumergida que abraza al 47% de los trabajadores de Latinoamérica. La construcción es el sector con mayor porcentaje de empleados informales, junto a la agricultura, la pesca y las trabajadoras domésticas, un colectivo que reúne a 19 millones de personas. Cuanto menores son los ingresos, más crece este tipo de trabajo, desde el que vende minutos de telefonía móvil al que repara electrodomésticos o el que ofrece agua en las calles.

“La informalidad se ha extendido desde los años noventa”, explica Tinoco. “El crecimiento económico del 3-4% a partir del año 2000 tuvo un impacto reciente en la creación de empleo formal. Pero ahora, con una desaceleración que se vislumbra de largo plazo, vuelve la informalidad. La gente se las ingenia para comer con los trabajos más insólitos. Es la necesidad de la supervivencia. Las políticas que los Gobiernos han impulsado para generar empleo formal están amenazadas por la desaceleración. Ese es el gran miedo”.

Tinoco, licenciada en Sociología y al frente de la OIT en Latinoamérica desde 2011, apunta a la “estructura económica” de los países como el origen del problema. “En América Latina el crecimiento está basado en los commodities, en la exportación de petróleo, minería y producto agrícola. Eso genera beneficio pero poco empleo. Necesitamos que la economía del país no se centre un 80% en ello, sino diversificar. Debe haber una igualdad de trato fiscal, y mejorar la calificación de la mano de obra. Ya no podemos pensar en la educación del pasado”.

Perú, con un 68%, Honduras, México, Colombia y Guatemala figuran entre los países con mayor informalidad. Uruguay (34%) y Costa Rica cierran la clasificación. Las mujeres, los jóvenes y los mayores de 50 años son quienes más se ven abocados a estas prácticas. Son también quienes, en muchas ocasiones cansados de buscar empleo, salen del mercado laboral. Estas fugas y las altas tasas de informalidad provocan que, vistos desde Europa, los porcentajes oficiales de desempleo en los países latinoamericanos sean relativamente bajos. Pero la fotografía real es distinta.

Según la OIT, América Latina necesitaría crear 50 millones de empleos en los próximos 10 años solo para compensar el aumento demográfico. Y precisaría un crecimiento económico del 3% cuando las previsiones sitúan la media en la región en un 2%. La bonanza financiera de Estados Unidos puede aligerar la carga de aquellos países con mayores lazos comerciales, como México. “Costa Rica, Panamá, Ecuador, Colombia, Chile y Bolivia también crecen. Los que peor están son Argentina, Brasil y Venezuela”, afirma Tinoco. “Brasil debe conservar los logros sociales y a la vez avanzar en un durísimo programa de reformas. Las perspectivas latinoamericanas para 2015 son que el desempleo suba, porque la economía no lo hará al ritmo necesario para crear trabajo”.

El protagonismo de China es un asidero, pero también un arma de doble filo, advierte Tinoco: “China contribuyó a que la crisis afectara menos porque era su gran consumidor de materia prima. Hoy juega otro rol, invierte en financiar el desarrollo. Es un cambio muy importante. Veremos qué características tiene esa ayuda. Va a aumentar la dependencia de América Latina de China, y la deuda a futuro”.

Fuente: El País