NOTICIAS

NOTICIAS
Mostrando entradas con la etiqueta caricatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta caricatura. Mostrar todas las entradas

viernes, 13 de noviembre de 2015

Los editores responden a las acusaciones de ‘The New York Times’

La AEDE defiende la “calidad de la libertad de prensa” en España

 Madrid 13 NOV 2015


Ejemplares de diarios españoles en sus ediciones de este jueves. / CLAUDIO ÁLVAREZ
La Asociación de Editores de Diarios Españoles (AEDE) respondió ayer a un reportaje publicado por The New York Times el pasado día 5 titulado Los medios en España se encuentran ahogados por el Gobierno y la deuda”, en el que se cuestionaba la libertad de prensa. El diario estadounidense afirmaba que “la industria se ha enfrentado a una tormenta perfecta: enormes deudas y la firmeza del gobierno conservador de Mariano Rajoy y su Partido Popular, que ha reaccionado agresivamente a las críticas”. Además, señalaba que esas “presiones” han generado preocupación por la libertad de expresión y se preguntaba si los periódicos tradicionales, en otros tiempos los más influyentes del país, “han sido ya metidos en cintura”.
Para la AEDE, The New York Times realiza “una caricatura de la realidad informativa” española, donde las principales cabeceras han destapado “numerosos casos de corrupción política y empresarial”. Algunos, como Gürtel o Púnica, están directamente relacionados con el partido en el Gobierno. Enfatizan los editores españoles que pese a la doble crisis que ha afectado a la prensa (la económica y la derivada del nuevo ecosistema digital), la libertad de prensa no se ha visto afectada.
The New York Times hace referencia en su artículo a las dificultades experimentadas por los medios para ajustarse a la tecnología digital y a la disminución de los ingresos publicitarios y afirma que existe inquietud por el hecho de que los periódicos tradicionales españoles hayan “perdido su independencia en medio de la creciente presión financiera”.
La AEDE concluye afirmado que el rotativo estadounidense no “describe la realidad” de la prensa y considera que el reportaje es “desafortunado” y está lleno de “convencionalismos sin contrastar”.

Comunicado de la AEDE

La Asociación de Editores de Diarios Españoles reacciona a las acusaciones emitidas por The New York Times contra la libertad de prensa en España, al considerar que en su artículo hace una caricatura de la realidad informativa. AEDE defiende la libertad de prensa en España, un país caracterizado por la pluralidad mediática, en el que continuamente están naciendo nuevos medios de comunicación con líneas editoriales variadas. Además, destaca los numerosos casos de corrupción política y empresarial que las principales cabeceras españolas han destapado en los últimos años.
Los editores de prensa españoles reivindican su labor informativa y ponen en valor la investigación y la rigurosidad por las que se rigen sus redacciones para actuar como conciencia crítica del poder. Una misión que ha sido especialmente notoria durante los años de crisis, cuando el cuestionamiento de las estructuras tradicionales ha sido especialmente intenso por parte de los medios de comunicación.
La crisis económica general junto con la particular reconversión de los medios en los últimos años, ha mantenido al margen “lo más preciado de nuestro trabajo, la libertad de prensa”. Según los editores, “el artículo no describe la realidad” y lo encuentran “desafortunado y lleno de convencionalismos sin contrastar”, algo “particularmente sorprendente en un medio de tanto prestigio”.
La libertad de prensa goza de muy buena salud y lo demuestran los más de 17 millones de lectores fieles que eligen la prensa como el mejor medio para informarse.
Fuente: El País

sábado, 21 de marzo de 2015

Sin caricatura no hay democracia

El autoritarismo es un régimen político bajo el cual no es posible burlarse del poder


El atentado yihadista de Paris tuvo algo de absurdo, al menos en una primera lectura. Ello porque el objetivo de los atacantes no fue la extrema derecha islamofóbica ni el extremadamente secular Estado francés. El blanco fueron los caricaturistas de un semanario satírico por burlarse de su religión—aunque, en realidad, de todas—y de sus símbolos sagrados. Ante el terror, los parisinos salieron a la calle con lápices gigantes para expresar su solidaridad y reafirmar su derecho a la libertad de expresión. Es la asimétrica batalla del grafito contra el plomo.
Aquella masacre tuvo resonancia al otro lado del Atlántico, donde hace tiempo se viven y se debaten estos mismos temas. Tal fue el propósito del evento de Freedom House en Washington, “La caricatura en tiempos de autoritarismo”, con Rayma Suprani, Rayma, y Xavier Bonilla, Bonil, y que tuve el privilegio de moderar.
Charlie Hebdo fue punto de partida del debate, porque en América Latina también se ataca el derecho a la libertad de expresión y a la blasfemia, es decir, el derecho a la blasfemia contra el dogma de un Estado, las deidades que gobiernan y su liturgia opresiva. Es que en Venezuela, Ecuador y Argentina, por nombrar tres casos, el poder del Estado se ha usado explícitamente para silenciar caricaturistas; para quitarles el lápiz, que es su voz.
En Venezuela, ello ocurre por la fuerte concentración de los medios en manos del gobierno. En Ecuador, por la existencia de una ley de comunicación que institucionaliza la censura y un Presidente que acosa personas cada sábado por televisión con interminables improperios. En Argentina, por la intimidación del Ejecutivo, que algunos medios privados han decidido resistir. Como en Paris, el lápiz también se ha convertido en un recordatorio de derechos y libertades constitucionales.
En Clarín, Hermenegildo Sabat pintó cinta adhesiva roja sobre la boca de la Presidente, precipitando la acostumbrada agresión, a él y al medio. En El Universal, Rayma dibujó la firma de Hugo Chávez para representar la muerte de la propia salud pública, perdiendo su trabajo por blasfemar contra quien ha sido canonizado por su propio régimen. En El Universo, Bonil caricaturizó el allanamiento del domicilio de un líder social, convirtiéndose, a partir de allí, en objeto del acoso del sistema judicial, del propio Presidente Correa y de las amenazas anónimas de rigor.
Para una región que ha tenido diversos tipos de vanguardias iluminadas, no deja de ser una bocanada de aire fresco tener esta nueva vanguardia, los caricaturistas: artistas cuya única utopía es la irreverencia, el humor y la libertad. Por esta razón, sorprende a algunos tanto encono contra ellos. Desafortunadamente, el ensañamiento no tiene nada de irracional y tampoco nada de absurdo. Porque la crítica seria y elaborada, por devastadora que pueda ser, dignifica al despotismo, lo toma en serio; en última instancia lo legitima. La caricatura, en cambio, lo ridiculiza, le muestra al ciudadano quien realmente es el déspota que lo gobierna. En la caricatura, el rey (o la reina) están desnudos.
La caricatura puede ser un enemigo fatal, ya que posee el enorme poder de hacer emocionar a los ciudadanos. Es la energía de la carcajada, el poder de hacernos reír de quien tememos, nada menos. La caricatura es un espejo puesto delante de quien ejerce el poder, un espejo que por definición deforma, al acentuar los rasgos más visibles y sacarlos de proporción. La arbitrariedad, la manipulación, la mentira, la discrecionalidad y el narcisismo descontrolado se ven, así, aún más grandes de lo que son. En un sentido, Correa podría tener razón, porque la caricatura siempre exagera.
La desnudez de la caricatura busca hacer avergonzar a los déspotas. El problema es que el poder omnímodo no es capaz de sentir vergüenza ni de comulgar con el arrepentimiento, ni siquiera en privado, ni siquiera desnudo. La reacción entonces solo puede ser como es, brutal y desproporcionada, pero acabadamente racional.
Curiosamente, seguimos debatiendo si en América Latina hay democracia o autoritarismo, si alcanza con elecciones y tantas otras conversaciones estériles. Es la discusión que proponen los déspotas, precisamente, por lo cual debería ser obviada de una vez por todas. En ese espíritu, esta columna propone cerrar ese debate con una definición alternativa: el autoritarismo es un régimen político bajo el cual, ya sea de jure o de facto, no es posible burlarse del poder.
Es improbable que esta nueva definición llegue a los textos de teoría política o que motive sesudos seminarios de intelectuales. Pero tal vez sea capaz de ayudarnos a tener presente que cada vez que uno se ríe del poder, a menudo se trata de un heroico acto de resistencia a la opresión. Y esa es la gran lección que les debemos a artistas como Rayma y Bonil.
Twitter @hectorschamis
Fuente: El País