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sábado, 21 de enero de 2017

Trump declara la guerra a los medios de comunicación

Trump declara la guerra a los medios de comunicación

El presidente, en la sede de la CIA, y su portavoz, en su primera comparecencia, cargan contra la prensa



Donald Trump cargó este sábado contra la prensa en su primera comparecencia pública como presidente de Estados Unidos. Lo hizo entre aplausos, en un territorio sagrado para los servicios de inteligencia estadounidenses: la sede de la CIA, frente al muro de mármol donde están grabadas 117 estrellas en memoria de los empleados de la agencia de espionaje muertos en acto de servicio. El nuevo comandante en jefe, que hace unas semanas comparó las prácticas de la CIA con las de la Alemania nazi, acusa a los medios de dar la impresión de que existe un enfrentamiento entre él y los espías estadounideneses, y sostiene erróneamente que mintieron sobre la asistencia a la jornada inaugural, el viernes.

La ofensiva de Trump y su portavoz contra la prensa tuvo lugar el mismo día en que decenas de miles de personas se manifestaron contra él en las calles de Washington, una multitud que llenó el centro de la capital y que contrastó con la asistencia el día anterior.
"Estoy con vosotros en un 1.000%. El motivo por el que sois mi primera visita es que estoy embarcado en una guerra con los medios. Están entre los seres humanos más deshonestos de la tierra", en la sede la CIA dijo Trump, que alternó el tono jocoso con el combativo. Entre el público se oían risas.
El presidente acusó también a la prensa de mentir sobre la modesta cifra de asistencia a la jornada inaugural. Dijo equivocadamente que la multitud llegaba al monumento a Washington, situado el medio del National Mall, la avenida donde se celebró la ceremonia. Y criticó, citando por su nombre, a un periodista de la revista Time que por error había afirmado que Trump retiró un busto de Martin Luther King del Despacho Oval.


VISIÓN SOMBRÍA


En su primer día completo como presidente, EE UU digiere el discurso inaugural de Trump. En su editorial de este sábado, el diario The New York Times esgrime que es una reevaluación “distorsionada” de la historia estadounidense en que se ignoran las injusticias del pasado y los logros más recientes. En la mísma línea, The Washington Post argumenta que proyectó una visión pesimista y oscura que no coincide con la realidad del país.
En el discurso se percibe la influencia de Steve Bannon, el estratega jefe de Trump que presidía una publicación de referencia para la derecha más radical estadounidense. “Fue una declaración sin adornos de los principios básicos de su movimiento populista y en parte nacionalista”, dice Bannon en una entrevista al Post.
El asesor ve paralelismos con la retórica del expresidente Andrew Jackson (1829-1837). E insta a compararlo con el discurso que dio esta semana en el foro de Davos el presidente chino, Xi Jinping, que, en contraste con Trump, se presentócomo el líder mundial de la globalización y el libre comercio. “Verás dos visiones diferentes del mundo”, dice Bannon.

Unos minutos después, en una comparecencia sin preguntas, el portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, mantuvo la ofensiva. Con argumentos falaces, como asegurar que jamás tanta gente había asistido a una ceremonia inaugural, denunció que "algunos miembros" de los medios de comunicación dieron "noticias falsas" durante la toma de posesión de Trump. Advirtió de que los periodistas "rendirán cuentas". Y habló de una manipulación intencionada de la cifra de asistentes a la investidura presidencial, pero no ofreció ninguna prueba para respaldarlo.
La actitud —exigiendo explicaciones a los periodistas cuyo trabajo consiste precisamente en pedírselas a él— y el tono de voz, tenso e irritado, son poco habituales en un portavoz de la Casa Blanca, y menos en su primer encuentro con los periodistas con los que él y el presidente lidiarán en los próximos cuatro años. El miércoles, en la misma sala de prensa, Barack Obama se despidió con una defensa encendida de la libertad de prensa y del derecho de los periodistas a pedir cuentas al poder.
La visita de Trump a la CIA no era un mitin en Iowa o Pensilvania, ni una tertulia de una radio conservadora, aunque por el tono lo pareciese. Era su primera jornada completa como presidente de la primera potencia mundial, pero parecía que la campaña electoral no hubiese terminado: las mismas palabras, los mismos ataques.
Por si el discurso apocalíptico y virulento del día anterior, en el marco solemne de la inauguración presidencial, había dejado dudas, en la sede de la CIA en Langley (Virginia) quedó del todo claro que el Trump presidente es igual que el Trump candidato. No quiere ser un político al uso —ganó las elecciones precisamente con la promesa de acabar con usos políticos tradicionales— ni respetar las normas no escritas que han reglamentado el comportamiento de los líderes de este país desde hace siglos. Los ataques a los medios de comunicación, identificados por él y muchos conservadores con las élites progresistas, son un recurso constante y eficaz en sus discursos.
No hay que buscar demasiado en las hemerotecas para descubrir que, en contra de lo que Trump afirma, sí se ha enfrentado a los servicios secretos de EE UU desde que el 8 de noviembre ganó las elecciones presidenciales ante la demócrata Hillary Clinton.
En diciembre se publicó que la CIA veía la mano del presidente ruso, Vladímir Putin, detrás de la interferencia rusa en favor de Trump durante la campaña. La respuesta de Trump consistió en descalificar a la CIA y recordar sus errores con las inexistentes armas de destrucción masiva en Irak.
El choque se recrudeció cuando a principios de enero se filtró que la CIA y otras agencias de inteligencia habían entregado a Trump un informe con rumores no corroborados sobre una supuesta grabación sexual del nuevo presidente en Moscú. Trump reaccionó en la red social Twitter, su plataforma predilecta para comunicar sus opiniones. “Las agencias de inteligencia no deberían haber permitido que estas ‘noticias falsas’ se filtraran al público. ¿Vivimos en la Alemania nazi?”. Al día siguiente, en una rueda de prensa, dijo: “Era algo que la Alemania nazi habría hecho, y hacía”.
Comparar a los propios espías —los que, desde el 20 de enero, él dirige—con un régimen criminal y totalitario que perpetró el Holocausto fue, además de una frivolización de la historia, un insulto que difícilmente podría haberse imaginado nunca en boca del presidente de una vieja democracia como la estadounidense.
“Diles a las familias de estos 117 funcionarios de la CIA a los que se recuerda en el muro del honor que sus seres queridos, que dieron sus vidas, son comparables a los nazis”, dijo el director saliente de la CIA, John Brennan, a The Wall Street Journal. “Me pareció muy repugnante, y siempre defenderé la integridad y el patriotismo de mis funcionarios que han hecho tanto durante años para sacrificarse por sus conciudadanos”.
En la sede de la CIA, Trump afirmó falsamente que él se había opuesto a la invasión de Irak de 2003, y añadió: "Si nos hubiésemos quedado con el petróleo, no habríamos tenido al ISIS, porque así es como hacen dinero, así que nos habríamos tenido que quedar con el petróleo. Quizá tengamos otra oportunidad"
Fuente: El País

martes, 24 de noviembre de 2015

El editorial de La Nación que enfureció a sus periodistas

EL MUNDO 24 NOV 2015 
Los periodistas del diario objetaron el editorial, que equiparaba a las víctimas de la dictadura con los victimarios, y apoyaron “la continuidad de los juicios por delitos de lesa humanidad” a exmilitares y exjueces.
Por: Redacción Internacional
El editorial de La Nación que enfureció a sus periodistas Periodistas de La Nación con carteles que rezan: “Repudio el editorial” en las instalaciones del diario. /AFP
Justo un día después de la victoria presidencial de Mauricio Macri, representante de la derecha en Argentina, el diario La Nación publicó un editorial en donde pedía al presidente electo “terminar con las mentiras de los años 70 y las actuales violaciones de derechos humanos”. El editorial hacía referencia a la desaparición de más de 30.000 nacionales durante la época de la dictadura en Argentina (1976-1983), por las que hasta hoy se han dictado más de 600 condenas por delitos de lesa humanidad, muchas de ellas dirigidas a exmilitares y exjueces involucrados en la muerte de disidentes políticos.
El capítulo de la dictadura es uno de los hechos más dolorosos para muchos argentinos. Además de los desaparecidos, y en conjunto con el régimen de Pinochet en Chile y la dictadura de Stroessner en Paraguay, los militares argentinos en el poder crearon una maquinaria destinada a acabar con la oposición y, como en el caso chileno, a torturar y desaparecer (la Operación Cóndor fue su contribución conjunta a esa aniquilación). Los juicios contra los responsables se reanudaron por impulso de Néstor Kirchner desde el comienzo de su presidencia, en 2003, cuando fueron anuladas las amnistías de 1986 y 1987.
Entre líneas, el editorial de La Nación le pide a Macri que detenga dichos juicios y revele la verdad sobre esos “jóvenes idealistas” —las comillas son del editorial— que fueron asesinados durante la dictadura. El editorial reza: “Ha llegado la hora de poner las cosas en su lugar. Debatir que quienes sembraron la anarquía en el país y destruyeron vidas y bienes no pueden gozar por más tiempo de un reconocimiento histórico cuya gestación se fundó en la necesidad práctica de los Kirchner de contar en 2003 con alguna bandera de contenido emocional”.
Pocas horas después, los periodistas de planta del diario rechazaron de manera rígida las afirmaciones del editorial y enviaron una carta conjunta, que dice: “Desde esa diversidad (la diversidad de opiniones en la redacción) rechazamos la lógica que pretende construir el editorial de hoy, que en nada nos representa al igualar a las víctimas del terrorismo de Estado y el accionar de la Justicia en busca de reparación en los casos de delitos de lesa humanidad con los castigos a presos comunes y con una ‘cultura de la venganza’”. En sus primeros párrafos, el editorial asegura que no existe ninguna “moral diferente” entre los “rebeldes” y el Estado que los combatía. En sus primeras líneas, hace una comparación adicional: dice que “grupos terroristas” de ese entonces son similares a los que cometieron los atentados del 13 de noviembre en París.
En una aclaración posterior, La Nación dijo que el editorial expresaba sólo la opinión del diario y no la de sus periodistas. Entre las peticiones que el diario le hace a Macri está también la “verdadera vergüenza nacional” que supone tener encarcelados a exmilitares “a pesar de su ancianidad”. La base de su argumento es la edad de los ejecutores, a pesar de que su culpa es declarada. Para La Nación, los juicios están impulsados por una “cultura de la venganza”, una suerte de programa político que había hecho parte del kirchnerismo durante sus doce años de gobierno. En una entrevista reciente, Macri aseguró que dejaría en pie dichas investigaciones. Cerca del 65% de los votantes en estas elecciones estaban de acuerdo con la continuidad de las búsquedas.
La líder las Madres de Mayo, Estela Carlotto, aseguró que los condenados por crímenes en la dictadura “son personas mayores que no se arrepienten, no confiesan; además prometen volver a hacerlo si fuera necesario”. Consultado por la Agencia EFE, el analista Gastón Chillier, del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), aseguró que el propósito del editorial seguía las pautas de una campaña de antaño, dedicada a “horadar los juicios por los crímenes de lesa humanidad”. Dicho de otro modo, el editorial de La Nación es el reflejo de un pensamiento todavía presente en cierta parte de la sociedad argentina —y en muchas de las sociedades con conflictos similares—: que las víctimas de la dictadura, de algún modo, lo merecían.

Fuente: El Espectador

lunes, 1 de junio de 2015

“Los periodistas son responsables de crear sus propias audiencias”

El director de 'The Washington Post' analiza el futuro del sector en el Congreso Mundial de Medios de Comunicación


World Editors Forum celebrado en Washington.
La expansión de Internet altera el papel del periodista y derrumba barreras del pasado. El director del diario The Washington Post, Martin Baron, defendió este lunes la importancia de que los periodistas tengan acceso a las estadísticas de lectura de sus artículos. “Tienen que adquirir la responsabilidad de crear sus propias audiencias”, dijo al inicio del Congreso Mundial de Medios de Comunicación, que se celebra en Washington.
En una entrevista con Maria Ressa, directora de Rappler, un nuevo medio filipino, Baron explicó que los reporteros del Post reciben datos sobre el número de lectores online de sus artículos, su ubicación y a través de qué plataforma acceden a la noticia. Esos datos, detalló Baron, les permiten conocer mejor a sus lectores, analizar el impacto y aprender a promocionar sus historias en sus perfiles en las redes sociales.
El periodista adquiere así una capacidad de promoción y análisis de audiencia que tradicionalmente recaía únicamente en los departamentos comerciales de los diarios y que, hasta la irrupción de Internet, era muy limitada dada la dificultad de conocer los hábitos de consumo de los lectores de las ediciones de papel de los diarios.
En la 67 edición del congreso, participan representantes de medios de comunicación de más de 80 países, entre ellos el director de EL PAÍS
Los datos de audiencia online, esgrimió Baron, son una baza nueva, pero no la panacea. El periodista no debe “obsesionarse”: los datos pueden ayudar a saber cómo actuar, pero difícilmente proporcionarán  una nueva idea para un artículo. Del mismo modo, dijo, las historias exclusivas que afianzan la influencia y prestigio del diario no tienen porqué ser las más populares en Internet.
En la 67 edición de este congreso, que se inició este lunes en la capital de Estados Unidos y finaliza el miércoles, participan representantes de medios de comunicación de más de 80 países, entre ellos el director de EL PAÍS, Antonio Caño. “Estamos aquí todos discutiendo sobre el objetivo y el reto común de adaptar nuestras organizaciones al periodismo digital”, explica Caño.
“Vamos a intercambiar ideas y experiencias. En esto EL PAÍS está haciendo un gran progreso y tiene algunas cosas interesantes que aportar e igualmente hay aquí otros proyectos, sobre todo de Estados Unidos y también alguno de América Latina, que son interesantes para intercambiar algunas ideas”.
Los desafíos de Internet protagonizaron las primeras sesiones de debate. Baron dijo que el “mayor cambio” en los últimos años ha sido reconocer que el periodismo online es un “medio distinto” que “requiere su propia forma de comunicación”. Pero argumentó que, ante la irrupción de un mundo hiperconectado y el frenesí de la instantaniedad en las redes sociales, los medios tradicionales deben mantener el estilo que sustenta su marca porque de lo contrario perderán su base de lectores y defendió que los periodistas son los más capacitados para “excavar profundo” detrás de los hechos.
Los medios tradicionales deben mantener el estilo que sustenta su marca porque de lo contrario perderán su base de lectores
Baron es director de The Washington Post desde enero de 2013, cuando llegó procedente deThe Boston Globe. En agosto de ese año, el dueño de Amazon, Jeff Bezos, compró el diario de la capital de Estados Unidos por 250 millones de dólares. El desembarco de Bezos ha permitido al Post aumentar su plantilla y audiencia. En una mesa redonda en el congreso, su presidente, Stephen P. Hills, defendió la inversión y el rigor como vías de crecimiento de una cabecera. “En un mundo de ruido, editar, comprobar datos, acertar realmente importa”, señaló.
En ese coloquio, Terry J. Kroeger, presidente de BH Media Group, que controla una setentena de diarios regionales en EE UU, subrayó que hay un “gran futuro” en nuevos negocios. “Estaremos en cualquier formato que quieran nuestros lectores”, dijo, a la vez que alertó del riesgo de dar por muerto demasiado pronto el formato de papel, que supone la mayor fuente de ingresos de los medios.
Y allí llegó la incógnita recurrente. ¿Habrá diarios en papel en 2040?, preguntó alguien en el público a los panelistas. “Creo que nadie tiene idea. Es posible”, replicó Larry Kramer, presidente de USA Today.“Lo haremos hasta que sea el modo más efectivo y sea lo que la gente quiera”.
Fuente: El País

jueves, 8 de enero de 2015

‘Charlie Hebdo’ saldrá la próxima semana

Los supervivientes de la revista, refugiados en 'Libération', planean una tirada récord de un millón de ejemplares

Los autores de la matanza del miércoles abandonaron la sede del semanario satírico al grito de “Hemos vengado al profeta. Hemos matado a 'Charlie Hebdo'”. Los supervivientes de la revista, sin embargo, han decidido demostrar que Charlie Hebdo está herida, pero no muerta. Los escasos supervivientes van a hacer un esfuerzo para no faltar el próximo miércoles a la cita con sus lectores y, para ello, han contado, una vez más, con la inapreciable ayuda de un rotativo hermano en ideología, Libération, debilitado por un reciente ajuste de plantilla en el que perdió a un tercio de los efectivos. Este mismo rotativo fue el que también acogió a la redacción del semanario satírico cuando las instalaciones de este último quedaron destruidas por un cóctel molotov en 2011. Fue un ataque debido a la publicación de nuevas caricaturas de Mahoma y del islamismo radical.

Charlie Hebdo, al igual que muchos medios impresos, atraviesa una grave crisis financiera que el fallecido director Stéphane Charbonnier, Charb, pretendía aliviar recabando más donaciones y ampliando su modesto número de suscriptores (apenas 13.000). Con una tirada de unos 50.000 ejemplares y sin publicidad, las finanzas de la revista se tambalean. El abogado de la publicación, Richard Malka, anunció este jueves que los supervivientes no solo van a trabajar en el nuevo número, sino que de este se hará una tirada récord de un millón de ejemplares, lo nunca visto para esta influyente pero modesta revista que logró tiradas extraordinarias con sus caricaturas de Mahoma: 160.000 ejemplares.

El desafío es importante. El equipo de Charlie Hebdo estaba formado hasta ayer por 22 periodistas y dibujantes, una secretaria y cuatro empleados en la sección administrativa. Al menos ocho de los doce muertos son dibujantes y periodistas y otros tantos están heridos. Pero las dificultades no son solo un problema de números. Cuatro de los fallecidos eran considerados dibujantes de un talento excepcional, como el propio Charb. Se trata de Jean Cabut, Cabu, Georges Wolinski y Bernard Verlhac, Tignous.Charlie era un periódico de dibujantes. Los redactores como yo son intercambiables. Ellos, no”, contaba la tarde de la matanza a Libération Antonio Fischetti, que se libró del ataque. “Tipos como Charb, Tignous o Wolinski no hay cincuenta”.

Los pocos periodistas y dibujantes que quedan seguían este jueves conmocionados. Uno de los periodistas, Patrick Pelloux, apenas podía contener las lágrimas cuando declaraba por la tarde a BFMTV que Charlie Hebdo tiene que demostrar que nadie puede matar los valores de un país de libertad como Francia. Defendió la actuación policial y aseveró: “Hay que seguir haciendo periodismo. Un periodismo sin concesiones”.

Los medios se han volcado con Charlie Hebdo. Le Monde y Canal + son algunos de los que han ofrecido su total apoyo a la revista. Pero trabajar en la misma redacción por un tiempo es más natural en Libération, como expresaba ayer el director adjunto del rotativo Johan Hufnagel. “Ya les acogimos una vez en 2011. Es natural esta reagrupación de familia y no tenemos miedo”. Poco después de la matanza, en la tarde del miércoles, el gobierno reforzó la seguridad de todos los medios de comunicación al elevar la alerta de terrorismo a su más alto nivel. “No es una solidaridad corporativista”, aclaraba Hufnagel. “Es una solidaridad con la libertad que la prensa representa”.

A pesar de las dificultades, el letrado Malka está convencido de que los supervivientes serán capaces de sacar la revista adelante. Tendrá solo diez páginas, en vez de las dieciséis habituales. “No hay que dejarse impresionar” por el drama, añade.

La compañera de Charb reclamó para el director de la revista, en una emotiva entrevista concedida a BFMTV, un homenaje oficial. “'Charb' ha sido ejecutado por defender la laicidad. Ha muerto de pie”, dijo Jeannette Bougrab. El miércoles, como destacan varios de los afectados, la tirada récord de 'Charlie Hebdo' ofrecerá otra oportunidad a los franceses para demostrar su solidaridad.

Fuente: El País