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domingo, 17 de abril de 2016

Abril es el mes más cruel

Los ganadores y  perdedores de la elección del 2016.

Las elecciones siempre dejan ganadores y perdedores, pero la del 2016 fue crucial porque produjo transformaciones profundas en la configuración del escenario político, con el surgimiento de nuevos liderazgos y el ocaso de varios  del elenco estable.
 
Hay tres grandes triunfadores del 10 de abril. Keiko Fujimori es, sin duda, la principal, con 40% del  voto válido y una mayoría aplastante en el Congreso, con más de 70 curules.
 
No obstante, dicho triunfo se transformaría en gran derrota si el 5 de junio cae frente a Pedro Pablo Kuczynski. El fujimorismo va a ser, por su peso, el gran protagonista del lustro político siguiente, pero una segunda derrota consecutiva de Keiko Fujimori en la segunda vuelta –tras perder en la del 2011 ante Ollanta Humala– la haría parecer, de varias maneras y colores, a Holanda en los mundiales de fútbol, esa ‘naranja mecánica’ que sabe llegar a las finales pero nunca ganarlas, haciendo pensar que el antifujimorismo es tan fuerte que haría imposible su regreso a Palacio.
 
PPK es, asimismo, otro gran ganador del 10 de abril, al remontar una campaña que, hacia febrero, había entrado a un declive que parecía definitivo. Pero si no gana el 5 de junio este será, por su edad, su último intento de llegar a Palacio.
 
Verónika Mendoza es otra gran ganadora al devolverle a la izquierda una posición política relevante para el lustro siguiente. No pasó a la segunda vuelta, pero ha producido un liderazgo en el lado zurdo con una posibilidad futura interesante.
 
Otros ganadores, aunque no en  la medida de los anteriores, son Alfredo Barnechea, quien se desinfló en el tramo final, pero dándole a él y a Acción Popular una presencia relevante; Gregorio Santos, quien hoy es el claro líder de la izquierda radical; Julio Guzmán, quien fue excluido de malas maneras, pero tiene una opción futura muy interesante si construye un partido; y César Acuña, quien a pesar de haber sido excluido y sufrir un desprestigio –que es, sin embargo, remontable–, lidera una agrupación lo suficientemente sólida como para ser la cuarta fuerza del Congreso.
 
Hay, de otro lado, grandes perdedores del proceso electoral, quienes después de tener un gran protagonismo, abril 2016 fue el mes que los liquidó. En política no hay muertos, pero a Alan García, Lourdes Flores, Alejandro Toledo y Susana Villarán, les costará mucho el retorno.
 
Como en los versos iniciales de La tierra baldía de T.S. Eliot, “Abril es el mes más cruel, engendra lilas de la tierra muerta, mezcla memorias y anhelos”. Este abril fue muy cruel,  políticamente, con este cuarteto.

Fuente: La República


sábado, 7 de noviembre de 2015

‘Nadarán fritas con su limón’


Todos los candidatos saben que en el Perú el rechazo de la gente significa apenas el comienzo de los requiebros


Hace unos días, Alan García lanzó su candidatura para tentar, por tercera vez, la presidencia de la República en las próximas elecciones generales peruanas, dentro de cinco meses.
Por el momento, García mantiene una involuntaria cuanto reñida competencia con el también ex-presidente Alejandro Toledo por encabezar el antivoto: el porcentaje de ciudadanos que proclaman que de ninguna manera votarían por él. En una encuesta nacional reciente, el 65% de los entrevistados declaró que “definitivamente no votaría” por Toledo y el 64% dijo lo mismo respecto de García. El 4% sostuvo que sí votaría por Toledo y el 7% por García.
Hay que añadir que, sin los porcentajes abrumadores de Toledo y García, el antivoto es superior a la intención de voto de los cinco candidatos que lideran las encuestas; reflejo de la notoria desconfianza que, con sobrado fundamento, tienen los peruanos respecto de sus políticos.
Entre los cinco que encabezan ahora las encuestas hay dos ex-presidentes (García y Toledo); un ex-primer ministro (Pedro Pablo Kukczinski); una ex-primera dama (Keiko Fujimori); y un millonario creador y ex-rector de universidades de costo módico, César Acuña, que confesó en 2013 –aunque después trató de retractarse– que nunca lee un libro.
Compite en gazapos con otro self-made man, Alejandro Toledo, que hace poco anunció que salía de viaje para recibir un premio Nobel. ¿Premio Nobel? Sí, confirmó el ex-presidente, con el tono de voz apurado que pone cuando se da cuenta que pisó el acelerador en lugar del freno: se trata del ‘nobel de la India’…; y así, mientras en el Perú recordaban su memorable felicitación a Vargas Llosa por haber recibido “el Premio Nobel de la Paz en Literatura”, Toledo era galardonado en India con el premio del Kalinga Institute on Social Sciences.
Todos los candidatos saben, sin embargo, que en el Perú el rechazo de la gente significa apenas el comienzo de los requiebros, danzas y serenatas de la seducción política; de los cortejos, maniobras e intrigas para presentarse, en el momento de la decisión inevitable, como el partido más conveniente. No el mejor sino el menos malo, lo cual es suficiente para una presidencia.
Y nadie lo sabe mejor que García.
El 2001, pese a que los desastres de su primer gobierno estaban todavía relativamente frescos en la memoria de la gente, perdió la elección en segunda vuelta con Toledo por un margen relativamente estrecho de siete puntos. Pero su principal hazaña fue pasar a la segunda vuelta, superando en último momento, luego de hacer perder el paso a la entonces favorita Lourdes Flores, a quien presentó como ‘la candidata de los ricos’.
En 2006 volvió a dar cuenta de Lourdes Flores (con quien ahora considera una alianza) para enfrentarse al entonces radical Ollanta Humala. García se presentó como el defensor de la democracia y ganó sin gran problema, para demostrar pronto que una cosa es la campaña y otra la presidencia.
Tanto en los regímenes de Toledo como en el de García, la economía peruana creció notablemente (lo cual, aunque en menor grado, sucedió también con Humala) y el país progresó pese a las disfunciones políticas y la fuerte corrupción que tuvieron esos gobiernos.
La memoria de disfunciones y corrupciones se expresa ahora en el antivoto. Pero la temporada de los candidatos está por comenzar. Y entre ellos, quien mejor maneja la retórica de campaña es García.
Hace más de medio siglo, la compositora Serafina Quinteras compuso un vals criollo, “Parlamanías”, que, cantado entonces por los Troveros Criollos, continúa expresando las promesas, las irrealidades y la seductora eficacia de la retórica de campaña, donde importa más lo que te hagan soñar que lo que verás cuando despiertes.
“Haremos casas de 80 pisos/ […] Las carreteras correrán solas/ Buques y aviones en pelotón/ Y las corvinas sobre las olas/ Nadarán fritas con su limón”.
“Si usted me da un balcón, yo triunfo”, escribió el legendario José María Velasco Ibarra, cinco veces presidente de Ecuador. Y ahora en el Perú, los balcones físicos y digitales se alistan para adormecer el antivoto y convertir la decepción en efímero romance, mientras las corvinas empiezan a nadar al encuentro de su limón.
Fuente: El País

sábado, 17 de octubre de 2015

No pidamos más peras al olmo, por Juan Paredes Castro

No pidamos más peras al olmo, por Juan Paredes Castro

Fondos de partidos se manejan en muchos casos como fondos personales, e involucrados buscan evitar que investiguen su origen.

No pidamos más peras al olmo, por Juan Paredes Castro
(Foto: El Comercio)

Sabemos que los fondos de los partidos políticos se manejan en muchos casos como fondos personales y en cuentas personales, y que encima los involucrados pretenden evitar que el Congreso y la fiscalía investiguen el origen y movimiento de los mismos. El Partido Nacionalista y su dirigencia son un clarísimo ejemplo de ello. ¿No es legítimo, entonces, pensar en una reforma electoral que privilegie la competencia fiscalizadora y sancionadora de la ONPE para, precisamente, no llegar a la criminalidad política que hoy nos espanta y al elevado grado de impunidad que la rodea?
Sabemos también que no hay democracia interna real y efectiva en los partidos políticos, y que el voto preferencial es su principal escollo, además de la resistencia a que la ONPE y el JNE puedan supervisar las elecciones de cuadros y candidaturas mediante el sistema de un militante un voto.
El sistema de elección por delegados no encierra una pizca de democracia. ¿Acaso aquí, como en el primer caso, no resulta urgente una reforma capaz de evitar que el voto preferencial lleve al Congreso, revestidos de cinismo e impunidad, a indeseables personajes, y que la representación legislativa sea una de las más pobres de la historia?
Todos los partidos, sin excepción, tienen vela de culpabilidad que encender en este entierro y más todavía aquellos, como el fujimorismo, que defienden ciegamente una unicameralidad que no es ni representativa ni eficiente. Sin la Constitución del 93 no habríamos tenido tantos años de crecimiento económico, pero es innegable que ella necesita de reformas sustantivas en los campos político, policial, fiscal y judicial.
Con un paso así, en perfecto aterrizaje, enfrentaríamos mejor la inseguridad ciudadana y jurídica, la desconfianza en los poderes públicos y las distorsiones flagrantes en el ejercicio de la PCM y de la propia presidencia de la República, que han rebajado visiblemente el principio de autoridad en el país.
No tengo el optimismo de Luis Iberico, de que el Congreso vaya a sacar siquiera un par de reformas en la legislatura que queda. Quizá, en un desafío extremo, pueda hacer obligatoria la declaración de origen de los fondos partidarios y sancionables los actuales incumplimientos a la ley. ¿Pero habrá autoridad moral en la bancada humalista para apoyar una medida como esta, contra la actitud autoritaria de la señora Nadine Heredia de poner un manto de impunidad a las cuentas del Partido Nacionalista y a las suyas propias?
De ahí que comparto, más bien, el escepticismo del politólogo Carlos Meléndez. Creo, como él, que no debemos perder más tiempo pidiendo peras al olmo y ganarlo mejor en la carrera por un debate que nos conduzca, en el 2016, a un terreno reformista institucional más fértil.
Mientras tanto que Iberico vea qué milagros hace en un Congreso pobrísimo en voluntad política y peor en consensos para cambiar ciertas cosas.
Con impedir que la institución parlamentaria vuelva a ser el otro cuartelito del señor Humala y la señora Heredia, ya es bastante.
Publicado en el diario El Comercio el 16/08/2015

lunes, 27 de abril de 2015

Perú: esperando un líder


El país es la nación latinoamericana que ha tenido el mayor crecimiento de la región

Perú siempre ha sido un punto y aparte dentro de América Latina. Su composición étnica, su aura de gran civilización —la mayor del continente, que nunca se rindió ante los conquistadores— ser la puerta del Pacífico y su relación permanente con Asia le dan una relevancia que muy pocos países tienen en la región.
Y como también sucede con México, se va haciendo con la incorporación de las nuevas minorías o etnias a la conquista del poder. Los datos son claros: desde 2000, Perú es el país latinoamericano que más ha crecido. De Alberto Fujimori a Ollanta Humala, de Alejandro Toledo a Alan García, Perú crece. La Alianza para el Pacífico, es decir, lo que mejor domina Lima, se erige como una de las pocas iniciativas nuevas y alternativas que tiene la moderna Latinoamérica.
Por eso, la incógnita del país, cuyo nombre significativamente parece provenir de un caudillo llamado Birú (un cacique indígena rico en oro), no es su desarrollo económico, sino establecer su última identidad. La batalla en Perú igualó el grado de crueldad entre españoles e incas. La Plaza de Armas de Cuzco es la muestra de por qué el Imperio español llevó a cabo, con un costo tan alto en vidas humanas, tantas obras en tan poco tiempo.
La incógnita no es su desarrollo económico, sino establecer su última identidad
Uno de los mayores problemas que tienen los peruanos es que, ni siquiera conociendo toda Lima, llegas jamás a abarcar Perú. Existe un Perú que está en Lima, en Miraflores, en Surco, en Barranco y en Callao. Existe un Perú que nunca se terminó de mezclar —del todo— con su población autóctona y los que creen que son Perú, es decir, los limeños.
No hay que olvidar que Perú es Machu Picchu. El lugar es en sí mismo una lección sobre la soberbia humana y la crueldad infinita de los conquistadores porque cuando uno piensa y reflexiona cómo pudieron llevar esas piedras desde la Plaza Mayor hasta arriba, puede ver también el sendero y las cañadas de sangre sobre las que se construyó todo aquello.
Pero además de una fuerte personalidad, están los dirigentes históricos peruanos como Alan García (caballo loco) quien en su primer mandato tenía que oír constantemente “se va a acabar, se va a acabar” para dar la vuelta a la frase y acabar haciendo la reconversión o Fernando Belaúnde Terry, uno de los pocos con bléiser, o los golpes de Estado que en Perú — no lo olvidemos— suelen ser obra de generales de izquierda como Juan Velasco Alvarado que hizo la primera revolución.
En el fondo, la historia de Perú está pendiente. Por eso, puede tener presidentes muy diferentes con la misma legitimidad, o tener la esperanza depositada en Nadine Heredia, la mujer de Humala, como el siguiente paso.
Ni siquiera conociendo toda Lima llegas jamás a abrazar a Perú
Luego está el Ejército peruano, uno de los más profesionales que existen. Es el mismo Ejército de Pantaleón y las visitadoras, el mismo que debe administrar varios continentes a la vez: el que da al Pacífico, al Amazonas. Desde el mandato de Velasco Alvarado, fue un Ejército consciente de su poder, pero que también supo que debía permitirle a los civiles que tuvieran su locura. Fujimori nunca se fue porque, en cierto sentido, con la suspensión de las instituciones, él fue el que unificó el Perú, aunque fuera sobre la base de crear otra dictadura perfecta. Aquel fue un tiempo que recuerda en el subconsciente una unidad para un pueblo que ahora emerge como el fantasma, una y otra vez, y que puede devolver a Fujimori, antes de su muerte física, a una especie de perpetuación histórica a través de su hija, Keiko.
Obsérvese que la batalla en Perú ya no será entre un indígena (Alejandro Toledo u Ollanta Humala), ya no será entre un joven caballo loco reconvertido en un buen político, llamado Alan García, sino que la batalla es, por lo menos hasta ahora, entre dos mujeres: una de ascendencia japonesa, otra peruana pura y finalmente, el técnico eficiente de siempre, el exministro de Economía Pedro Pablo Kuczynski.
Como pasa con tantos elementos de riqueza cultural, el mundo onírico de la creación, La ciudad y los perros o Conversación en la catedral siguen siendo un buen entreacto de la versión europea de Perú.
Pero, al mismo tiempo, no hay que olvidar que Ayacucho —origen de Sendero Luminoso— era el sitio donde la juventud limeña, que no podía entrar en la Universidad de Lima, acababa estudiando carreras técnicas y de eso a Sendero Luminoso sólo había un paso. Lo más sorprendente del terrorismo del camarada Abimael Guzmán no era su maoísmo, sino que en un salto histórico, desde América a la eternidad, es que toda su cultura y todas sus acciones las regía el calendario lunar incaico.
El Ejército peruano es uno de los más profesionales que existen
En este mundo sin referentes y sin historia, Perú puede seguir cualquier modelo: el chino, el de la integración de sus minorías indígenas, el triunfo de las mujeres o bien, seguir esperando un Víctor Raúl Haya de la Torre que lo haga como todo el mundo pensó que lo haría Alan García en su primer mandato o un tecnócrata, también de bléiser, como Pedro Pablo Kuczynski.
Fuente: El País